Una casa en el árbol
ROICE 183
Esta exposición nace de un proceso de construcción compartida. Todo comienza con la creación de una casa en el árbol para mis dos hijas,t junto a mi padre: un espacio de juego, pero también de proyección, donde imaginar y habitar un mundo propio. En ese gesto, aparentemente cotidiano, reconozco la lógica que sostiene mi práctica artística: la de quien busca un lugar donde resguardarse.
En esta analogía, el árbol soy yo. Lo que aquí se presenta es apenas la parte visible de una estructura que no podría sostenerse sin aquello que permanece oculto. Las raíces —invisibles, enterradas— son los más de treinta años dedicados al graffiti: una práctica anónima y persistente que actúa como origen y cimiento. Es desde esa profundidad donde germinan mis inquietudes actuales y desde donde se articula todo lo que hoy toma forma.
Mi pintura opera, también, como una construcción. Cada obra se levanta a través de una superposición y un ajuste contínuo: añadir, borrar, cubrir, reconstruir. Una acumulación de capas que no sólo conforma la imagen, sino que la protege y la contiene. Así, cada pieza se convierte en un refugio material donde conviven la experiencia, el tiempo y el gesto.
Hace unos meses, la casa tuvo que ser desmontada; el suelo había cedido. Tal vez este acontecimiento se revela hoy como una invitación a seguir construyendo.

