¿QUÉ
SABEN LAS MOSCAS
DEL AROMA DE LAS FLORES?
Dimasla
La hipótesis de DimaslA —cómo el devenir temporal incide tangiblemente en la obra— nos invita a contemplar el presente como un crisol donde conviven la memoria del pasado y la latencia del futuro. Es una inmersión visual en el panta rhei, ese flujo incesante que nos anima a habitar el instante perpetuo.
Esta experiencia nos confronta con dos realidades orgánicas diametralmente opuestas. Por un lado, la mosca encarna la inmediatez; en su vuelo urgente e insaciable no hay espacio para la sutileza. Por otro lado, la flor se erige como el paradigma absoluto de la latencia. No surge por generación espontánea; exige un largo periodo de gestación en la oscuridad del sustrato, sol, agua y arraigo para llegar a florecer. Su aroma, aunque invisible, posee la capacidad casi mágica de trazar una conexión inmediata con el entorno; biológicamente, es un canal para crear vínculos y perpetuar la vida. Es el hilo conductor que desvela las hermosas sincronicidades que laten en aquello que parece imperceptible.

